Bioconstrucción

Poco a poco la bioconstrucción ha ido entrando en mi vida. La (buena) influencia de mi hermano ha hecho mella en mí, y el pasado verano fue un verano maravilloso gracias a la bioconstrucción aquí en España (no como los años anteriores en otros lares de Europa).

Para empezar estuve en Navapalos, una aldea abandonada de Soria donde mi hermano habitaba hasta hace poco, en el que su propósito era y sigue siendo la reconstrucción con métodos del lugar: adobe, barro y entramados de madera. Estuve una semana antes del evento ASF preparando con los habitantes y unas amigas de mi hermano todo lo relacionado con su llegada: impermeabilización de un depósito de agua, haciendo COB para reparar la fachada de la casa principal, construyendo una escalerilla para bajar al huerto, aprendiendo a hacer adobes de mano del Murci (qué grande eres Murci!). Una experiencia de reconexión con la naturaleza, la primera de tantas este año.

foto de Itziar

 

El primer evento en el que participé fue en el encuentro de Arquitectos sin Fronteras demarcación de Madrid. Lo pasamos genial tanto de día en los talleres de revoco, mampostería y agua, como por la noche cantando y en las veladas que fueron surgiendo gracias a unos y a otros. Nos reimos mucho, debatimos también, hicimos migas y me acabé uniendo al grupo de ASF sector 5.

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El segundo encuentro, también en Navapalos, fue con los miembros de Rurales Enredados. Grupo que quiere acercar lo urbano a lo rural, de gente que han escogido un tipo de vida menos habitual y más ecológico. La dinámica fue diferente, no había un rumbo trazado y cada uno aportaba lo que quería, una experiencia increíble, la verdad. Desdecharlas de permacultura, talleres de bioconstrucción, estufa rocket, masaje, caligrafía japonesa, moneda social, apicultura, alimentación, ayudando a limpiar la poza o el huerto…fascinante como gente que no se conocía apenas de nada puede llegar a entenderse, compartir y hacer cosas grandes.

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Empalmando con esto hubo un grupo que nos quedamos un poco más y ayudamos a revocar una habitación entera, y entre bola de barro y bola de barro nos fuimos algún día de excursión a sitios tan maravillosos como el Cañón del río Lobos o la Playa Pita.

Para culminar todo esto en septiembre tuve la suerte de poder acceder a un curso de revocos que organizaba Miguel de Qatay en Aranjuez. Ese fin de semana estuvimos revocando la futura casa de Jorge y Gill, una casa autoconstruida de paja y cal, junto al huerto que les da de comer. Además de tratarnos como reyes acogiéndonos en su casa, dándonos de comer sus deliciosas verduras de mil maneras diferentes, prestándonos su piscina para algún que otro bañito, nos llevaron a las fiestas de Aranjuez a comer rosquillas. Parece que no hicimos nada, pero también trabajamos como nadie en los revocos y nos pusimos de barro y paja hasta las orejas. Aquí tenéis un resumen más técnico y con muchas más fotos en el blog de Qatay.

Hay un capítulo más en mi final de verano en realidad, que fue muy duro pero muy dulce también, que tiene que ver con París y con la vendimia del champagne, una aventura a parte y que tal vez cuente en otra ocasión.

¡Ah, si sois bioconstructores, autoconstructores y gente interesada en este mundo, no me perdáis la pista porque dentro de muy poquito anunciaremos algo!

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